Saca de septiembre de 2025
D.O. Brandy de Jerez, Solera Gran Reserva
40,2% alc. – 70cl
Fernando de Castilla – Jerez de la Frontera
400 botellas

La Bota de Brandy de Jerez 134 “Bota Punta” pertenece, sin alharacas, a la absoluta aristocracia de los mejores destilados del mundo. Muy elegante y muy viejo, procedente de la pequeñísima solera de Equipo Navazos que reposa en las bodegas de Fernando de Castilla en Jerez de la Frontera, a la que hemos vuelto una docena de años después. Ahora hemos embotellado parte de la tercera de las botas, hermana de las que protagonizaron las ediciones n.º 29 y n.º 43. Veinticinco años de crianza durante los cuales un finísimo destilado ha ido madurando lentamente en tres botas anteriormente usadas para criar fino en El Puerto de Santa María. Sin nada más: holandas de primera, botas de primera delicadamente envinadas, tiempo y paciencia.
El origen de este brandy se encuentra en unas holandas de alquitara con más de diez años de vejez que hace quince años reposaban en botas jerezanas de varios usos, las cuales no habían impartido al brandy carácter vinoso ni aromas intensos más allá del natural proceso de integración y envejecimiento en madera. Para rematar su crianza, en 2010 Equipo Navazos adquirió tres preciosas botas de fino de El Puerto de Santa María de inmejorable procedencia, con las que montamos un altarito “EQUIPO NAVAZOS” en un rincón de las bodegas de Rey Fernando de Castilla. En cada una de ellas envejecen a graduación natural entre 400 y 500 litros de brandy. De dos se sacó parte de su contenido para embotellar respectivamente las ediciones numeradas como 29 y 43. Ahora, doce y catorce años después de aquellas sacas, hemos extraído de la tercera algo más de la mitad de su volumen para embotellar esta edición n.º 134. Se trata de un brandy excepcional y difícilmente repetible, que nos entusiasma. Por supuesto, ha perdido buena parte la frutalidad que tenía al inicio y que aún se aprecia en las botellas de La Bota de Brandy 29, especialmente, y muestra en cambio la reposada finura de un destilado de altísima calidad.
A la finísima holanda de alquitara nunca se le ha añadido nada en ninguna de las fases de crianza, excepción hecha de la imprescindible hidratación, de ahí su color dorado y su carácter radicalmente seco. Extrañará a quienes disfrutan con los brandys abocados, densos, vinosos y subidos de color que suelen tener éxito en España. En cambio, creemos que satisfará a los partidarios de los coñacs serios y finos en los que el envejecimiento no resta protagonismo, sino que realza la calidad frutal del destilado. A pesar de ser tan diferente, reivindicamos su profunda esencia de Brandy de Jerez, puesta de manifiesto por los largos años de crianza en el Barrio de Santiago, y por el delicado pero inconfundible carácter que aporta el afinamiento durante quince años en botas de excelente fino.
